La verticalidad del horizonte

Por Olivia Nuño

El edificio de nuestras vidas es alto, muchos pisos hay que subir, uno a uno. Podemos decidir cuánto nos quedamos en uno de ellos. De cada piso hay algo que aprender, algo que trascender en nuestra experiencia individual del todo universal. Pero no bajamos.

Para nuestra razón el avance es horizontal, pero nuestra esencia solo asciende. El infinito se vive a sí mismo a través de nuestras experiencias y la experiencia última de la encarnación es la iluminación.

Muchos pisos hemos habitado. Si ahora estás en un piso más arriba que tu hermano lo verás con compasión, que es la forma más elevada del amor; sabrás que su avance es único, como lo es el tuyo, respetarás su ahora, y bendecirás sus experiencias.

La altura de los pisos es engañosa, el ego juega con ilusiones ópticas que hacen parecer que estamos arriba, muy arriba cuando el camino acaba de comenzar.

El juego de esta experiencia individual es enfocarte solo en tu camino. Así tu avance no se verá distraído por si otros usan escaleras eléctricas o elevadores. La promesa es que todos llegaremos al final, y en algún momento de la eternidad, todos estaremos juntos y enterados de la verdad.

Hay pisos hermosos, como el piso en el que te enteras que eres el creador de tu vida, que tienes el poder de elegir tu contexto y sobre todo tu actitud. Hay pisos duros, como en el que descubres que el ego irá contigo a todas partes y que es tu decisión permitirle ser tu amo o hacerlo tu siervo.

Puede haber ocasiones en las que quisiéramos regresar a la comodidad del piso anterior porque ya lo conocíamos, solo por temor de abrir las puertas de este nuevo. Otra promesa es que entre más asciendas más hermoso será todo.

Los acompañantes de piso viven una experiencia similar a la tuya, algunos se quedarán ahí más tiempo que tú, otros subirán antes.

Si sientes que alguna vez has bajado, estás envuelto en una ilusión, lo que ha pasado es que llevas mucho tiempo en el mismo lugar sin aprender la lección de este piso, las experiencias se repiten enmascaradas una y otra vez hasta que trasciendes el motivo por el que estás ahí.

No hay prisa, y lo único que tenemos es el ahora. La prisa solo te mantendrá en el mismo lugar. El apuro es pantanoso, entre más tratas de salir más te absorbe.

El último piso será la azotea, el lugar donde la luz nos llegará sin paredes, sin cristales ilusorios. Un lugar donde el ego morirá de miedo, el tiempo morirá de eternidad y el corazón vibrará lleno de verdad. En ese lugar conoceremos nuestra totalidad, la perfección y la unidad. Ahí no hay deseos ni necesidades, la realidad única es la integración. Y ese lugar nos invitará a volar, a integrarnos y a reconocernos de nuevo; uno con el todo. 

En ese lugar descubriremos que siempre estuvimos ahí.

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