Lo que ves, no es

Texto original escrito por Olivia Nuño

Tengo la fórmula maravillosa para llevar una vida armónica y feliz (ok, una de las fórmulas que ayudan a que esto suceda), te permitirá concentrarte en lo verdaderamente importante, no es que yo siempre la use (requiere práctica), pero es 100% eficaz.

Se llama “compasión”, ojo, no vayas a confundirlo con “lástima” pues la compasión más allá de la empatía es “el entendimiento del estado emocional del otro”, mientras que al sentir lástima te ubicas mentalmente en un plano superior a otro, sin entendimiento.

Pero este post trata de la compasión hacia las personas que aparentemente actúan para hacernos algún daño. Cuando esto ocurre y nos concentramos en las causas superficiales que creemos motivaron a la persona a herirnos nos hacemos parte de un círculo autodestructivo; tristeza, ira, coraje, venganza. Entramos en el juego.

Si ya hemos aprendido que todo tiene su lado positivo, una situación como esta puede ayudarnos a conocernos y liberarnos. Si analizas bien por qué te ha herido la acción de otra persona puedes descubrir muchas cosas, ¿ha sido herido tu orgullo?, ¿tu ego?, ¿se han reactivado memorias de algún sufrimiento pasado?, ¿de algún complejo?, ¿algún trauma? Está en tus manos decidir de qué manera te afecta la actitud de otras personas.

Por otro lado el fondo que motiva a una persona a hacer algo con la intención de lastimar puede escapar de nuestra comprensión si no conocemos suficiente a la persona, si la conocemos puede ser que con un poco de análisis entendamos que a través de sus vivencias, educación, familia, infancia, etc. él o ella no han tenido otras herramientas para reaccionar. Aquí es donde entra la “compasión”. Es una forma de alquimia, convertir los sentimientos negativos, en aprendizaje. Transmutar la energía.

Ya sea como víctimas o victimarios, al intentar herir o sentirnos heridos, estamos mostrando una parte de nosotros que requiere atención. Si nos hacemos conscientes y trabajamos en ello podemos dar un paso agigantado en nuestro crecimiento personal. Es encontrar las malas raíces y deshacernos de ellas, para que nuestro jardín interior pueda florecer.

La fórmula es “No te tomes nada personal” (¡nada!).

Recuerda “Nadie puede herirte sin tu consentimiento” Eleanor Roosevelt

ÉXITO

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